UN RESPIRO POR EL DESTINO
Cuando desee la muerte
Una quimera me ha despertado,
Y es el presente
Lo que esta anhelando.
Despierto impresionado
En un desierto desamparado,
Y es el desolado, aerolito observado,
Quien muestra mi amor, despierto y robado.
Nostalgia ha de avivar
Para apreciar llorando, mi sangre maravillosa.
Y es esta la que pudo alentar
Una hermosa arboleda, ardiendo entre peligrosa.
He de decidir, comiendo su fuego,
Si mi alma engaño o salvo.
Esta me ahoga, cuando trago
Pero si escupo, sueño y retiro el clavo.
He escupido muy fuerte
Y por esto quema lo verde,
Pero entre mi felicidad latente
Ha de crearse la lluvia que se entiende.
Apaga lo que arde
Entre el terrible soplo que renace.
Pero es su furia, lo que termina con lo blande,
De aquel pobre árbol, que miro mientras desvanece.
Ha sido inventado un pincel
De los restos de aquel calcinado,
Que al habérmele acercado
Sus cenizas lo han creado.
Es este pozo
El que ha resultado presente,
Y es él quien permite el esbozo,
De mi rostro, del corazón que no miente.
Una cicatriz susceptible, que nunca he olvidado,
Ha permitido plasmar, del fondo de las sombras,
Un bello rostro imaginado.
Ahora es una mano la que me envía, al abismó de la cobardía.
Encerrado en la penumbra de un cuarto
Encuentro alguien sentado,
Y es aquel un hermano, que observa atento,
A espera de ser fusilado.
Levanta levemente sus manos,
Y es un cuchillo, el que se encontraba bajo el rojo paño.
Con la furia de lo recordado,
Sin darme cuenta, esta siendo apuñalado.
Linaje ha cegado, las ventanas de mi alma,
Y es al haberlo limpiado,
Que la verdad, nunca irradia,
Cuando soy yo, quien es que sangra odiado.
Andrés R. Arce
